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Intergaláctico, Planetario

Siempre, como parte del hip-hop y también como melómano, he tenido un gusto y cariño especial por los Beastie Boys. Recuerdo que me sentí muy feliz cuando completé su discografía en vinilo en 2022 y lamenté mucho cuando MCA falleció el 2012.

Mi primera oída de ellos fue, si mal no recuerdo, cuando tenía 10 años, en 1995, recuerdo haber escuchado por la radio, en casa o la escuela, un beat de batería pesado y un riff de guitarra igual pesado. Eso no es rock, creo, según lo poco que conocía de música en ese momento de la vida. Había escuchado rap, sonaba en las radios chilenas, pero de esa forma no. Cuando empiezan los Beasties a rapear, fue sorprendente, ya que nada sonaba similar por acá, al menos, en lo que sonaba en radios.

No tenía un gusto musical formado en ese tiempo, tenía un cassette de Pampas Reggae de Los Pericos como también uno de Eros Ramazzotti que me habían regalado en un par de viajes a Santiago. Eso cambió a partir de los 13 años, cuando cursaba 8º básico y aprendí la diferencia entre rap y hip-hop. En mi curso había muchos chicos que eran entusiastas por el hip-hop. Uno de ellos, se convirtió en mi inspiración. Estaba metido en la onda del breakdance y escuchaba mucho rap. Él estaba a la moda en ese sentido, su compañerismo y entusiasmo me motivaron a conocer más y a convertirme en hiphopero. Más aún, cuando dentro de las playlist de sus cassettes estaban Shake your Rump, Get It Together, Sure Shot y ese tema del pesado beat y riff: So What’Cha Want, ése era el grosso tema que hace un par de años atrás había escuchado y me había volado la cabeza.

A partir de ahí, con mi facilidad para el dibujo empecé mis primeros graffitis, que eran porquerías, y a juntar música, de la que me podía conseguir con algunos amigos y la que grababa de la radio. Así empezó de a poquito, una mezcla de los Beastie Boys, Tiro de Gracia, Wreckx-N-Effect, MC Hammer (sin U Cant’ Touch This), algunos gringos que no cachaba en ese entonces y varios mixes y otras cosas, cercanas, como Limp Bizkit y algunos temas de raggamuffin’. Era variado, poco, pero variado.

Hasta que empecé a rimar. Todo de ahí creció de manera exponencial. La capacidad de hacer freestyle, cabecear un beat, descifrar las letras en inglés con lo que iba aprendiendo en el liceo, buscar instrumentales entre amigos y hacer graffiti, mucho, junto con mi hermano de pinturas y versos, Enzo. Esto ya era cuando tenía 16–17 años. Ya tenía muchos cassettes con música y CD’s pirateados con mezclas y álbumes completos. Cuando visitaba a mis abuelos, la pasaba viendo películas y MTV, que en ese tiempo era bueno y daban muchos clips de rap, y los de Beastie Boys, que en 1998 habían lanzado Hello Nasty, eran mis favoritos.

Cuando salió el vídeo de Intergalactic, mi mente explotó.

¿Podía mezclarse un robot de cartón y plástico con unos trajes de goma ridículos, las estaciones de tren de Shibuya y Shinjuku y supermercados en Japón con 3 MC’s, una instrumental muy divertida, muy influenciada del jazz y una letra que no fuera el típico rap social, de calle o picao’ a gangsta?

Intergalactic demostró que sí. Y ahí fue cuando me enamoré de los Beastie Boys. Le encontré sentido al hip-hop por medio de su música y su estilo. No era sólo una moda bacán, ni tampoco un medio para hacer crítica social o una excusa para poder hacer arte gráfico, sino que entendí, que para mí, se trataba de disfrutar. Divertirme. Estaba en el hip-hop porque era una diversión real para mí.

No me malinterpreten, no es que menosprecie la cultura y los cuatro elementos, al contrario, más me involucraba. Pero a través de los Beasties entendí que podía hacer más que lo que hacían los típicos raperos que bebían de la influencia otorgada por Tiro de Gracia, de Tupac y Dr. Dre o de SFDK y Violadores del Verso o Vico C.

Simplemente, notemos todas las influencias de los Beasties: rock, funk, jazz, rap, dub, punk… hasta country y bossa nova. ¿Quieres fijarte en sus tres integrantes? OK, los 3 son amigos de escuela, son blancos y empezaron como una banda juvenil de punk. ¿Sus letras? Sobre fiestas juveniles, desorden juvenil (fiestas y cosas así), pasarlo bien, protestas contra la sociedad y la forma de vida que tenían sus integrantes, reflejar a New York y su amor por esa ciudad. También, espiritualidad y compromiso. ¿Cómo? ¿espiritualidad? Pues sí, espiritualidad, los tres son de ascendencia judía y dos son de fe judaica y MCA, pues MCA se hizo budista. Y lo dejó reflejado en su vida, en sus letras y en el sonido de su bajo.

Eran la excepción que rompía toda regla. Mientras la gran mayoría se sentían más identificados con andar fumando marihuana y haciendo rap gangsta, tirándose mala onda entre MC’s (Este contra Oeste, ¿les suena?) había un trío de nerds que se paseaban por motos en miniatura vestidos con colores como si de Teletubbies se tratara, rapeando en medio de Nueva York con un estilo inconfundible y cautivador (Alive). O bien, protagonizaban la mejor de las series policiales de los años 70’s, persiguiendo delincuentes y botando muñecos por puentes, llevando un bigote que era digno de comparar con el de Chuck Norris (Sabotage), a un ritmo rock que ni Zack de la Rocha podría superar, o eran un trío vestido con la ropa más normal del mundo, rapeando en mitad de un bosque (So Wat’Cha Want) con colores e imagen distorsionados, a razón del efecto que se hizo característico en sus vídeos.

Los Beastie Boys. Los que te decían que tienes derecho a pelear por tu fiestaa decir que las mujeres merecen respeto y gratitud. Que la mejor forma de disfrutar de la azúcar era con café y crema. Pasaron los años, todos crecemos, pero ahí estaban ellos, llenos de referencias a la cultura, a Star Trek, a Pie Grande y los 5 barrios. Luego, para concluir, volviendo a su origen y entregando el broche de oro a una carrera larga, entretenida, increíble y bien jugada: con la continuación del clásico (You Gotta) Fight for your Right (to Party), de la forma más genial y alocada que podía ser: siendo ellos mismos, pero representados por otros, como un autohomenaje o una broma interna.

La luz se apagó el 4 de mayo de 2012, cuando Adam “MCA” Yauch falleció. No sólo murió un componente importante del trío. Ahí, Beastie Boys terminó su carrera. No iban a ser como otras bandas que buscan un reemplazante. Tampoco iban a resucitarlo de forma virtual, ni muchos menos seguir como dúo. Los Beastie Boys eran tres y siempre lo serían.

Quizás podríamos querer escuchar más álbumes y canciones, aun cuando se sabe que hay un montón de canciones que nunca verán la luz. No es necesario, hay 8 álbumes y cientos de canciones para disfrutar a la mejor banda de hip-hop que ha existido.

En tiempos donde el rap es murmurado, donde todo gira en torno al ego y donde las batallas de improvisación se llevan el centro de atención, prefiero seguir oyendo y disfrutando a 3 idiotas que lo pasaban bien, rapeaban bien y son una de las más grandes influencias para muchos artistas y exponentes, simpatizantes y oyentes, por su actitud, visión, pensamiento, calidad de producción, ingenio, contenido y nivel musical. Ningún estilo les quedó pequeño. Ningún vídeo fue menos que otro. Ningún disfraz fue mejor utilizado como en sus vídeos.

Para mí, una inspiración e influencia directa. Un sí o sí en mis playlist diarios. Mi definición personal de los Beastie Boys es igual que el coro de una de sus canciones: Intergalácticos, Planetarios, otra dimensión.

Larga vida a Ad-Rock y Mike D y namasté por MCA.

PD: Esto fue escrito originalmente en 2016. Antes de ser publicado el libro biográfico escrito por Ad-Rock y Mike D y también, antes del hermoso documental basado en el libro: Beastie Boys Story.

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Artista Concierto Opinion

Kings of Convenience en Santiago (25/11/2022)

Es la primera vez que hablo sobre un concierto, so just bear with me por cualquier detalle, ya que como sabes, este es un miniblog personal 🙂

¡Llegó el tan esperado día! Viernes 25 de noviembre de 2022, salí de Temuco hacia Santiago en un vuelo normal, con poca batería en mis audífonos, pero lo suficiente para la hora que duraba el vuelo.

Llegué a un caluroso Santiago, pero gracias al calentamiento global (how dare you? diría Greta Thunberg), en Temuco estaba prácticamente igual. Santiago me recibió tranquilo, me detuve en Santa Lucía para juntarme con un capo, Cristóbal o mejor dicho, “El Tuto”, amigo virtual que se convirtió en real en aquel instante. Disfrutamos de un almuerzo reparador y sabroso, a la vez de una extensa conversación muy variada y a veces, bizarra, lo cual, es genial.

El metro nos llevó hasta Las Condes, donde coincidentemente, ambos debíamos llegar, así que mejor aún, disfrutar de una cálida y loca conversación con un amigo con el que tienes interesantes cosas en común es siempre gratificante. Así que, Cristóbal: ¡un abrazo, amigo! Ciertamente habrán muchas más instancias y anécdotas que compartir, sea en Santiago o en Temuco.

Hasta que llegó la BFF (es gracioso que ahora con sólo decir eso, es pensar en mi bebito fiu-fiu, pero ok…), Laura, quien me introdujo a los Kings of Convenience, allá por 2007, y aquel viernes 25 “cerraríamos” el círculo y por fin, poder verlos y escucharlos en vivo, no más MP3s de dudosa calidad o vídeos de YouTube de presentaciones en otras partes del mundo y así al fin sería una experiencia en vivo real que pudiésemos compartir.

Un descanso breve, actualización del día y nos encaminamos hacia el concierto. El clima no podía ser mejor, una cálida tarde nos acompañaba hacia el Teatro Caupolicán, muy ocupado estos días, con eventos musicales variados (es genial cómo se ha ido reactivando todo el ámbito musical en vivo, luego de la pandemia). Entramos sin dificultad y fue agradable estar en cancha, en un ambiente muy relajado, muy como de pub o tocata. Hasta con cerveza, aunque mala… (mal ahí, Patagonia, jajaja) quizás, podríamos haber quedado más cercanos al escenario, pero contamos con una ubicación cómoda, sin tantas personas alrededor, eso permitía libertad de acción, no pressure.

Me agradó mucho que aquel ambiente distendido y relajado también se notase en el escenario, con una ornamentación mínima, basada en plantas y también, notable en los artistas que se presentaron en esta oportunidad: Niña Tormenta y Diego Lorenzini, ambos para mí, conocidos sólo de nombre, pero agradecido de escucharles y conocerles, ya que les seguí en Spotify de inmediato. Detalle lindo: fueron presentados por el mismo Erlend Øye, quien fue recibido con una alegre ovación.

Antes de ellos, fuimos recibidos por unos mixes de música funk, al principio, no presté mucha atención, ya que estaba “interiorizándome” con el lugar. Posteriormente, pude dedicarle oído correctamente y validar de que eran unas buenas mezclas de aquel sabroso estilo musical.

El set de Niña Tormenta y Diego fue muy bueno, ambos tocaron sus canciones individuales en conjunto y fue un acierto de escuchar buenas melodías, bien complementadas en la capacidad musical de ambos, tal y como si fueran un dúo consagrado, mas que de artistas acompañándose, me agradó mucho la simpleza de tocar sus canciones con ukeleles, simpleza que no significa facilidad, eso está muy claro.

Es bonito disfrutar de artistas que se relajan y alegran de estar compartiendo su música y su arte, interactuando con el público, lanzando varias bromas inocentes y sencillas, que siempre son bien recibidas y que permiten y facilitan aquel ambiente relajado y cercano. También, las personalidades de ambos son especiales en el escenario, y escucharles al final de su presentación, que dejaban su ubicación como artistas para seguir disfrutando del show como fans de Kings of Convenience, fue algo muy destacable.

A continuación, volvió el DJ, que realizó varias mezclas interesantes (destaco las del final) pero que a pesar de su buena selección rítmica, le pasó la cuenta un poco, ya que todos deseábamos ver a Erlend y Eirik prontamente.

Un dúo que se conoce al revés y al derecho, que dominan su arte y su instrumentación, en una velada que hizo emocionar, reír, bailar y disfrutar de melodías sencillas y unas voces que acompañan canciones bien hechas, dispuestos a compartir su talento con parte del sur del mundo: Kings of Convenience. Excelente concierto, mas aún con excelente compañía.

Hasta que aparecieron. Simples y sencillos como siempre, los reyes de la conveniencia. Personalmente, fue una grata impresión, ya que llegaron los chispazos mentales de aquellos vídeos en YouTube mencionados anteriormente y del buen ánimo que se transmitía en aquellas grabaciones de 480 píxeles de resolución. Y ya no era un vídeo, sino ellos, en vivo y en directo.

Un setlist preciso, bonito, que apuntó a todos sus álbumes, a excepción del inicial Quiet is the new loud, y con mayor presencia de Peace or love, más que mal, era una fecha del tour correspondiente. El setlist de aquella noche fue el siguiente:

  1. Comb My Hair
  2. Rocky Trail
  3. Cayman Islands
  4. Angel
  5. Killers
  6. Love Is a Lonely Thing
  7. Catholic Country
  8. Know How
  9. Mrs. Cold
  10. Misread
  11. Fever
  12. Boat Behind
  13. Rule My World
  14. I’d Rather Dance With You
  15. 24-25
  16. Nueva canción instrumental

Como podrás notar, fue sencillo y muy bien alineado con la onda que transmiten Eirik y Erlend, al bromear entre ellos, con el público, contar anécdotas y tener pequeños momentos mágicos al interactuar con nosotros, los oyentes.

Dentro de las anécdotas, destacable aquella relacionada con el tema Angel, que fue compuesta inicialmente por el dúo aquí en Chile, en su gira durante 2016. También, la referencia y gratitud de Erlend hacia Pedro Carmona, indicado como su mentor por el noruego. Bonito detalle.

El feeling era como una sesión musical de grandes éxitos, algo como reproducir la lista “This is” de algún artista en Spotify y encontrarte con viejos conocidos y nuevas gemas, con la diferencia de que era en vivo, en un ambiente amigable y cercano.

Para mí fue muy especial y emotivo escuchar los primeros acordes de Cayman Islands, pero sobretodo, de Know How. Le tengo cariño a ese tema, la presentación fue pulcra y excelente, es que es inevitable no hacer hincapié en la maestría de Kings of Convenience como artistas musicales, el manejo de sus guitarras, la sonoridad y sobretodo, su nivel vocal. Suenan tal y como suenan en sus álbumes, obviamente, también es un acierto y felicitación a su sonidista, que sin duda, era quién nos permitía disfrutar de aquel precioso sonido.

No es fácil en absoluto sonar bien en vivo, ni menos aún, compararlo con el nivel de un álbum o fonograma. Pero Kings of Convenience lo logran. Lo sé, sé que se trata de una propuesta más sencilla, principalmente voces y guitarras, acompañados brevemente de bajo eléctrico y batería (más un pequeño teclado tipo sintetizador), pero créeme, de verdad sonaron muy bien.

Aquella compañía en batería y bajo fue a partir de la canción Fever, y contó con el apoyo de Jorge Aguilar en la batería y Francisco Rojas en el bajo, ambos mexicanos y cercanos al dúo.

Es bonito compartir momentos musicales así, dejarte llevar por aquellas canciones que te van acompañando en la vida, en diferentes momentos, etapas y lugares, atravesando diferentes emociones y compartiéndolas con diversas personas y aquella noche, fue con Laura, finalmente. Son quince años de amistad, de conversaciones, de mails y reuniones a veces mínimas, a veces extensas, de chats y ¿por qué no? de memes. Hemos desarrollado una amistad en las buenas y en las malas. Y también, en lo musical, compartiendo extrañezas y descubrimientos que cada uno va haciendo en su día a día. Definitivamente fue como un broche de oro disfrutar a los Kings aquel viernes.

Todos en el Teatro Caupolicán nos dejamos cautivar por las notas y melodías de Rocky Trail, de Love is a lonely thing, Misread (ay, es que Riot on an empty street es un álbum demasiado bueno), de Mrs. Cold, la fiebre que nos contagió Erlend con Fever y los buenos ritmos que va creando y dejando con Boat behind, así como con el final, que era obvio: I’d rather dance with you. Todos los que estábamos ahí disfrutamos como fans aquella canción, es que ¿quién que no la haya escuchado no ha podido dejarse llevar por el ritmo y la letra, bailando tontamente tal cual lo hacía Erlend Øye en el escenario? y éramos muchos bailando tontamente, aunque claro, muchos lo hacen bien, no como uno, que es un simple cabeceador, un discípulo de Ronny Dance.

El encore siguiente incluyó la canción 24-25, que nos calmó a todos y a la vez, iluminó el Teatro Caupolicán con cientos de luces blancas —teléfonos emulando a los encendedores de antaño— que permitió una bonita postal antes de concluir ya finalmente, con una nueva canción, según declaraba Eirik, inédita e instrumental, la que nos liberó nuevamente y nos puso a todos a bailar al son de un ritmo instrumental suave y entretenido.

Y luego de una muy merecida ronda de vitoreos y aplausos por centenares, vino el acompañamiento musical final, con aquel DJ pinchando discos de funk, con una excelente selección que mantuvo el ambiente de goce y disfrute. Es que no te puedes resistir al funk, el funk tiene magia, tiene power y es inevitable no rendirse al groove y dejarse llevar rítmicamente, de hecho, así fue.

Finalmente, misión cumplida. Kings of Convenience en vivo, en Santiago, checked. Disfrutado con creces, con mucha alegría y emoción.

No me quepa duda de que Eirik y Erlend volverán, ya son de casa, tal como Mike Patton. Y los nexos que ellos poseen acá en Chile, también los invitará a seguir volando hasta estas sureñas tierras, que me imagino, deben tener algunos puntos en común con su hogareño Bergen en Noruega, y es bonito pensar que ellos saben que acá siempre los esperará un público que los conoce y quiere por su calidez humana y musical.

Nosotros volvimos a casa, sabiendo que era un pequeño logro en nuestra amistad y esperando poder repetirlo nuevamente a futuro.

Gracias, Erlend Øye y Eirik Glambek Bøe.

Gracias, Kings of Convenience.

Gracias, Lau.

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Kings of Convenience

Esta es una nota más bien corta, pero que deseo compartir.

Kings of Convenience. Sé que hablé sobre Erlend Øye hace no mucho, y todo lo que disfruto de su música, en aquel artículo mencioné a Kings of Convenience, su dúo junto a Eirik Gamblek Bøe, tal como indiqué:

«…dúo noruego de folk-pop e indie-folk, con bonitos toques de bossa-nova, soft rock y una onda guitarrera y calmada que recuerda a Simon & Garfunkel, pero sin los problemas de personalidad entre ambos».

La verdad, nunca pensé que me encontraría disfrutando de aquellos ritmo –oh sí, aquel joven que pasaba tardes escuchando y haciendo rap hardcore también había aprendido a oír otros estilos diferentes– pero ha sido un descubrimiento genial.

Me declaro fan de su álbum Riot on an empty street. Es el que más disfruto y escucho, también incluyo al álbum Versus, que es un compilado de remixes de canciones de su primer álbum y que tiene unos toques de electrónica bien elegantes y bastante complementarios para el ritmo que manejan Erlend y Eirik.

Su último álbum, Peace or Love, publicado en 2021, luego de un extenso hiato (Declaration of Dependence es de 2009), es igualmente un álbum exquisito, que trae los acordes y melodías típicas, cercanas e intimistas de Kings of Convenience a los tiempos modernos.

Aquella producción les presenta ser como el vino. La madurez le sienta bien a la seriedad de Kings of Convenience y aquel tiempo de lejanía entre álbumes también hace notar una añoranza, una agradable gratitud de poder crear una nueva producción y compartirla con el mundo.

Mundo el cual esperaba con ganas nuevos temas y que se mantuvo latente y constante en el apoyo al dúo, gracias a los demás proyectos musicales, la gratitud es gigante para con Erlend Øye por su insaciable inquietud musical, al retomar el proyecto de The Whitest Boy Alive y traer su música solista junto a La Comitiva, también, agradezco la cercanía que posee Erlend y Eirik para con Chile, al venir seguido a presentarse por estos lados del mundo y formar lazos de amistad con artistas locales. De hecho, es conocida una anécdota que prácticamente une a Erlend con Chile, desde hace muchos años, pero es historia para otra publicación.


Volviendo a Riot on an empty street, estos días resuena en mi playlist, gracias a la gran bendición (en serio lo es) de finalmente, tener la oportunidad de ver al dúo en vivo, este viernes 25 de noviembre en Santiago, junto a Laura, quien me introdujo a este par de amigos noruegos y a quien le agradezco en demasía tantas curiosidades musicales. Sin lugar a dudas, compartir este concierto con ella, será espectacular.

Creo que volveré a editar esta publicación al regresar del concierto o bien, añadiré una nueva nota al respecto.

Es que es algo que me tiene contento. Poder disfrutar de canciones como I’d rather dance with you, Stay out of trouble, Know How, Rule my World, Boat Behind, Failure, Toxic Girl o de Rocky Trail, Fever o cualquier otra, es un pequeño gran sueño cumplido (la verdad, por cumplir, a medida que escribo esto), que no dudo disfrutaré en demasía.

Lo sé, debería hablar más sobre el dúo en sí, es la idea de este blog, pero no quería dejar de compartir esta alegría que está pronta a disfrutarse en vivo.

Les contaré cómo me fue al regresar. Por ahora, les dejo más que recomendados a Kings of Convenience, vayan a su plataforma musical favorita y dénle play. Lo disfrutarán.

PD: esta es una publicación algo «fanboy», pero me alegra 😀

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The Spaceape

Luego de un receso durante el cual pude viajar a New York, pasar por un resfriado y actualizar este miniblog, vuelven los artículos que le dan vida a este espacio.

Hablar de The Spaceape es hablar de un artista bastante underground, pero conocido dentro de un grupo específico de artistas y estilos, sobretodo ingleses. También es hablar de tribulaciones, de búsqueda de sanidad, de la vida con una enfermedad mortal y del enojo y la complacencia para con un mundo, tanto personal como total, en el que diferentes áreas de la existencia caen en duda, intentando la coexistencia con la normalidad y el presente.

Stephen Gordon fue el hombre detrás del seudónimo The Spaceape. Fue un poeta, vocalista y MC británico, conocido más que nada, por su dúo junto a Kode9, fundador de la discográfica Hyperdub (que engloba a Burial, Laurel Halo y otros artistas) simplemente como Kode9 & The Spaceape. Como dúo produjeron dos álbumes y un EP, entre 2006 y 2014, así también, colaboró con otros artistas, como Burial, en su álbum homónimo, entre otros. Parte de los inicios mismos de Hyperdub se entrelazan con los de The Spaceape, ya que fue el primer artista en lanzar un single a nombre de la discográfica.

Su estilo vocal podría resumirse como tranquilo, profundo y meditativo. Más que armonizar, The Spaceape empleaba mayoritariamente la palabra hablada –spoken word– para crear relatos y melodías que potenciaron y otorgaron un estilo característicos al incipiente dubstep, muy alejado de los excesivos efectos y sonidos graves que caracterizaron al estilo cuando este se hizo mainstream.

El dubstep inicial tenía un estilo más profundo y las letras, gracias a artistas como The Spaceape, tocaban temas más introvertidos, por así decir, que el posterior estilo conocido.

Este estilo vocal de Stephen quedaba muy bien con la producción que Kode9 creaba. Ambientes sonoros oscuros y una mezcla de estilos bastante peculiar. La magia del dueto formado por ambos claramente era obra de Stephen Gordon y su particular voz.

El miedo a la muerte es el catalizador de Xorcism, la obra final de The Spaceape, donde vemos a un artista atribulado, enfrentando y abrazando su destino, el cual deja en manifiesto la futilidad de la propia existencia y los sentimientos y anhelos que se entrecruzan en la mente de un músico y poeta que se enfrenta a su propia muerte.

Menciono al inicio sobre tribulaciones y la coexistencia entre la oscuridad personal y la vida normal, es que Stephen pasó cinco años luchando con un extraño cáncer: neurolinfomatosis, con el cual convivió y convirtió en fuente de inspiración para trabajar junto a Kode9 en Black Sun, segundo álbum del dúo y producción en la que podemos oír cómo Stephen empieza su convivencia con este raro cáncer. Y posteriormente, éstas mismas experiencias le permiten crear un EP solista, llamado Xorcism, en el cual expone y transparenta sus sentimientos, sus dudas, sus temores y también, es una suerte de desahogo en la cual manifiesta su deseo de vivir pero también, de coexistir con aquella enfermedad, al punto que Xorcism es un trabajo que lo prepara para su muerte, una suerte de testamento musical y sonoro.

Este EP es una extrañeza, tal como lo fue su enfermedad, ya que no continúa su estilo característico musical desarrollado con Kode9 o sus anteriores singles lanzados en solitario, sino que este breve álbum abraza sonoridades influenciadas por la música y espiritualidad haitianas.

La sensación de Xorcism es cruda, caótica, percusiva e hipnótica. Spaceape se desenvuelve fluida y lúcidamente mientras nos guía a través de siete cortos capítulos. Siete canciones que están por debajo de los 3 minutos y tienen lo necesario para exponer todo por lo que Stephen va pasando en su mente y su vida.

Sus letras tratan desde tratar de argumentar con Dios por su existencia, a medida que la muerte cada vez le acecha más, como también de cómo es el recorrido de un hombre en búsqueda de sanidad espiritual o cómo conllevar la experimentación medicinal y el tratamiento doloroso por el cual debe pasar, para finalmente, manifestarse contra la complacencia del hombre en un mundo que habitamos tan brevemente.

Toda esta temática, acompañada de un fuerte y notable fondo sonoro tribal, vudú, haitiano, permite comprender parte de lo vivido por The Spaceape en su proceso de enfermedad, aceptación y futuro relativo, que sin lugar a dudas, lleva a pensar sobre la propia existencia y el cómo nos relacionamos con la muerte si lo consideramos más allá de algún fugaz memento mori.

The Spaceape fallece finalmente debido a neurolinfomatosis el 2 de octubre de 2014. Dejando atrás a su esposa Luciana, su hija Cleo, y a su segunda familia en Hyperdub. Como artista, deja un legado musical diferenciador, extraño, sombrío y al mismo tiempo, encantador y sincero.

Lamentablemente, este EP es difícil encontrarlo, ya que fue publicado como descarga gratuita en el portal de The Spaceape y de Hyperdub en 2012 y posteriormente, con su deceso y el vencimiento de los servidores web, resultó en un álbum atrapado en el limbo de la internet.

Pero podemos encontrar parte de su visión en el EP Killing Season, junto a Kode9, publicado en 2014 y también, disfrutar de los álbumes Memories of the Future, de 2006 y Black Sun, de 2011, junto con un montón de singles y colaboraciones que mayoritariamente están bajo el alero de Hyperdub.

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Joey Valence & Brae

¿Quiénes son Joey Valence y Brae? pues, para ser sincero, también estoy contestando esa pregunta a medida que les estoy escribiendo éstas líneas.

Puedo decir que Joey es un chico que junto con uno de sus amigos, Braedan, ambos de 22 años, que empezaron como muchos a hacer vídeos en TikTok, logrando ser virales, gracias a los experimentos que estaban realizando en tono diversión y música.

Siendo chicos modernos, podríamos decir, generación Z, manifiestan abiertamente un fanatismo por los Beastie Boys y ese afán los motivó a crear algunas letras, quizá estúpidas, con el simple deseo de divertirse, con ritmos similares a los de los Beasties, lanzando ‘Crank it up’ en 2021, que realmente explotó en TikTok en aquel año.

Eso me ha llamado mucho la atención, de una forma súper favorable. De hecho, para mí es muy nuevo. Recién hace una semana aproximadamente, antes de escribir esta entrada, salió en una de las tantas listas que sigo en Spotify su canción ‘Punk Tactics’, que como dicen en España, me dejó flipando.

¿Haz tenido ganas de ser, junto con amigo, como Bill & Ted, tener una banda musical y viajar a través del tiempo? pues eso es Joey Valence & Brae en pleno 2022. Rap actual con influencia bestial de hace 30 años.

No esperaba escuchar un ritmo noventero, netamente Beastie Boys, en un par de artistas modernos y que rinda homenaje de forma tan buena. La producción de Punk Tactics es sencilla y bien hecha, un tema breve y las rimas están bien estructuradas, el flow de Joey es muy similar al de los momentos más locos de Ad-Rock, allá por la época del Check Your Head. Y su acompañante, Brae, hace del dúo que a la hora de rimar, sea fluido, entretenido y llamativo, con muchos guiños Beasties.

He notado, a medida que investigo, que varios tacharon a este dúo de ser una mala copia, un clon bastardo de los Beastie Boys, tal como si fueran la versión A Cuenta del trío neoyorquino.

Pero, hasta el momento, discrepo. Creo que la apuesta es bastante poderosa y sobretodo, si Joey y Brae la disfrutan y pueden hacer música juntos y rendir homenaje a los grupos que te gustan y/o influencian.

Es lo que ha pasado conmigo, durante este año de ir creando y grabando nuevas canciones junto con DJ SDC, parte de mi estilo es derivado de los Beastie Boys y también son mi grupo de rap favorito, por ende, el respeto e inspiración de su música, que me permite conocer y apreciar el juego del rap.

Joey Valence & Brae ha lanzado este año un EP de seis canciones, ‘The Underground Sound’, que están llenas de esta influencia, en los beats, en las letras, en el flow, en los guiños y también, en la actitud. Algo que se agradece mucho, cuando actualmente el hip-hop está lleno de exponentes que tienen las mismas cadencias para hacer rap, letras simplistas y flows poco interesantes o más que nada, repetitivos, que aparezca un par de jóvenes en pleno 2022 con un ritmo sacado directamente de 1992 es un revival refrescante.

Enhorabuena por Joey Valence & Brae y bacán por el algoritmo de Spotify, que otorgó una buena recomendación, que quedó en mis favoritos de inmediato.

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Thundercat

Descubrir a este artista ha sido una de las experiencias random de estos últimos años.

Muchas veces, me recomiendan músicos o grupos, otras veces, algún featuring me llama la atención o similar. Pocas veces, la verdad, llego a conocer y seguir artistas en base a listas de reproducción, búsqueda o algo por el estilo…

…Pero así fue con Stephen Burner, Thundercat.

Fue a finales de 2016, ya sabíamos que Gorillaz vendría a Chile el siguiente año y junto a mis hermanos, teníamos la idea de ir al concierto (objetivo que se logró con creces), entonces, comencé a repasar parte de su discografía y oír nuevos ruidos relacionados, gracias a Spotify.

Allí suelo seguir algunas playlists, más que nada, para salir de la rutina de escuchar álbumes y así también, dejarme sorprender por las recomendaciones y añadidos que suele realizar el algoritmo del sistema, en base a mis gustos, y ya que estaba en la onda de Gorillaz, cada integrante de la banda virtual tenía (tiene aún) una lista personalizada, basada en canciones que el integrante escucha o recomienda, actualizada periódicamente. Me aventuré a seguir la lista de Russel Hobbs, el baterista, ya que según su biografía, siempre ha sido cercano al hip-hop y por ahí, siempre me van a encontrar, jajaja.

La verdad, no recuerdo nada de esa playlist, aparte de un sólo tema: Them Changes. Una canción brutal, en el sentido sonoro. Caí atrapado en sus líneas de bajo superpuestas, que suenan genial y es una canción que tiene un groove muy especial. Demás está mencionar que ese tema lo agregué de inmediato a mis favoritos y tuve que saber quién estaba detrás de tan buen ritmo.

Y fue interesante descubrir que Thundercat es un bajista que tiene un estilo muy particular, sorprende igual, que a pesar de su sonido R&B progresivo y moderno, que demuestra que tiene experiencia en el jazz, fue parte del grupo de trash punk Suicidal Tendencies y la verdad, al oír algunas canciones de la banda y otras de él como solista, me cuesta hacer la conexión de que se trata del mismo artista detrás del bajo. Ese detalle, es maravilloso, poder cambiar de estilos y ser un profesional del instrumento al que te dedicas, lo encuentro genial, todo eso demuestra el virtuosismo de Thundercat, que también actúa como músico de sesión, compartiendo créditos en varios temas de otros artistas. Me hizo dar cuenta de que muchos menosprecian el bajo, como un instrumento aburrido o poco interesante, pero al escuchar a Stephen Burner, te das cuenta de lo errado que es aquel pensamiento.

¿Qué pasa cuando pones en una licuadora penas de amor y soledad, el “friendzoneo”, el amor a los videojuegos, Dragon Ball y a Japón, con una pizca de rythm and blues y psicodelia? Pues, esa mezcla es Thundercat.

Es cercano a Flying Lotus, un contemporáneo que tiene un estilo de producción muy llamativo y también a Kendrick Lamar, EL (así, con mayúsculas) rapero de este tiempo.

Thundercat es un tipo muy peculiar, tanto por su música, como por su apariencia. Es decir, Stephen se distingue por sobre el resto, ya que siempre viste de forma llamativa y utiliza accesorios que no esperas ver en un artista de R&B contemporáneo. ¿Haz visto cómo se viste Erykah Badu? pues Thundercat es su versión masculina, jajaja.

Menciono aquello a modo de dato interesante, ya que me gusta su estilo, le da un toque único que complementa correctamente su música, sus melodías y sus letras, es decir, escuchas sus canciones y luego ves una fotografía de él y te hace todo el sentido del mundo.

Y es que escuchar a Thundercat es un viaje. Un viaje entretenido, con anécdotas tontas, gatos, gaming y experiencias personales, que hacen de su escucha un deleite entre sus letras y los ritmos que ejecuta.

El primer álbum que escuché de principio a fin fue Drunk, de 2017, ahí estaba Them Changes. Es un álbum divertido, que muestra a un Thundercat cayendo en el agujero de Alicia en el País de las Maravillas y muestra aspectos de su vida con los que algunos podrán identificarse, preguntas a veces casi existenciales e historias con paisajes distantes como una pista de baile, el café Gundam de Tokio o un momento de desvelo a las tres de la madrugada.

Them Changes es sólo una pieza del rompecabezas de Drunk. Una canción sobre un corazón roto, que es increíble en su ejecución musical y que cuenta con un vídeo clip muy llamativo, con samuráis luchando. A veces, las cosas que hace Thundercat pueden parecer no tener sentido, pero son odas a muchos aspectos de su vida diaria, pensamientos, ideas, desilusiones, reflexiones y temores. Es destacable mencionar, que aunque la imagen que pueda percibirse de Thundercat como artista es llamativa, por decir lo menos, estamos frente a un ganador del Grammy al mejor álbum de R&B Progresivo de 2021.

Su último álbum It is what it is, (motivo del Grammy) es también una joya, aún más reflexiva que Drunk, ya que nos presenta a un Stephen despierto e inseguro, que medita sobre la muerte de algunos amigos cercanos y la vida, sin dejar de lado su sonido característico y sus ritmos hipnotizantes y estilosos, a los cuales es inevitable no moverse a la par de las melodías, aunque parte de sus letras involucren rupturas o una oda dedicada a su gato, que por cierto, Thundercat es fan de su mascota, llamada Tron, aunque su nombre completo es Turbo Tron Over 9000 Baby Jesus Sally. Peculiar, ¿no? como dicen, las mascotas tienden a ser reflejo de sus amos, así, no esperaría menos de Thundercat y Turbo Tron.

Recomendación, pues Them Changes, obviamente. Esta publicación se basa netamente en recordar aquella canción y su significado para mí. Pero aparte, es maravilloso escuchar a Thundercat en Show you the way, una canción fantástica que cuenta con los veteranos Kenny Logins y Michael McDonald, ambos, inspiración directa para Stephen. También, la que puede ser la mejor canción dedicada a un gato: A fan’s mail (Tron song suite II) y también, destaco Friend Zone, una canción con una temática muy actual (y nerd) y Dragonball Durag, una “tonta” canción romántica y algo ñoña.

La verdad, toda su discografía es totalmente recomendable y sin lugar a dudas, te hará pasar un buen momento y te garantizo que tus pies o tu cabeza se moverán al ritmo en varias ocasiones.

Vale la pena dejarse llevar por las cuerdas del bajo de Thundercat y sus melodías, de verdad.

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Burial

Quienes me conocen saben que soy de gustos musicales muy eclécticos, a veces raros y dispares.

Uno de ellos, el dubstep. Lo sé, es muy 2012. Pero aún así, con la cercanía rítmica con el hip-hop que posee es innegable que no llegase a disfrutarlo. Considerando igualmente que Gran Bretaña es un mundo aparte, cultural y musicalmente hablando, allá el hip-hop se desarrolló de una forma diferente a como ocurrió en Estados Unidos, con bastante énfasis en ritmos jamaiquinos como el dub y la preponderancia de los bajos, sonidos que permearon a través de muchos estilos ingleses, como el UK grime, el trip-hop, garage, etc.

Quizás, el factor de ser una isla sea un gran detalle, junto a la riqueza cultural que posee el Reino Unido, que produce unos ritmos diferentes, a veces, más enfocados en el ambiente que genera la música, en vez de su contenido lírico.

¿Pero qué tiene que ver con Burial? para allá voy. Sin estos precedentes, no podría hablar de él.

Como indiqué al empezar, es muy 2012, yo venía de escuchar constantemente Massive Attack y Tricky, trip-hop del bueno y me gustaba el estilo sombrío y alejado del sonido rap, siendo más cercanos a una mezcla de música ambiente extraña y electrónica salida de algún club underground.

Y llego a escuchar una canción, gracias a esos momentos de YouTube donde haces clic en una miniatura, sin mucha curiosidad de por medio, dispuesto a oír lo que venga. Distant Lights era el track, según la descripción era dubstep, pero me recordaba más a Massive Attack que a Skrillex, por así decir y me cautivó. El track representa totalmente su título, luces distantes, fue como caminar en la mitad de la noche en una ciudad aleatoria, sólo iluminado por las luminarias callejeras y semáforos intercambiando sus colores, sin vehículo alguno que se aproximase.

Me llevó a un agujero profundo, cayendo en céntricas veredas del sur de Londres… tenía que escuchar más. Ahí me enteré que su carrera empezó allá por 2002, enviándole CD grabados con sus temas a Kode9, un conocido productor electrónico, hasta que lanzó su álbum homónimo en 2006, donde aparecía aquel track. Aunque el boom de reconocimiento para Burial vendría un año después, con su sofomoro larga duración, Untrue, quizás, su obra maestra.

¿Pero quién es Burial? alguien que estaba alcanzando notoriedad internacional, cayendo en boca de productores y artistas como 3D de Massive Attack, Aphex Twin, Thom Yorke y otros, era un completo desconocido, del cuál sólo se sabía el pseudónimo y las canciones publicadas en Hyperdub.

¿Quién era este tipo que podía crear ambientes electrónicos fabricados con cemento, lluvia y una neblina típicamente londinense? Donde los beats ya no te llevan a mover la cabeza, sino a quedarte pasmado pensando ¿dónde estoy?… ese es Burial.

Luego de Untrue, procede a una prolífica y constante publicación y experimentación, a veces, alejándose de aquel sonido que lo caracterizó en sus dos álbumes iniciales y optando por lanzar EPs y singles, muchos de los cuales no sólo crecían en experimentos y sonoridad, sino también, en duración, donde fácilmente pueden encontrarse tracks que duran seis, nueve o doce minutos.

Muchos pensaron que el sonido de Burial no podía ser de un londinense anónimo, sino de alguien con experiencia y renombre, inventando una personalidad que le permitiese trabajar de forma secreta, idea que podría ser muy válida, muchos pensaron e incluso, hicieron campaña para “descubrir” la verdad y confirmar que Four Tet (Kieran Hebden) era quién estaba detrás del alias Burial. Pero no fue así, una sencilla publicación en MySpace (¡vaya tiempos!) bastó para acabar con el misterio: Una pequeña fotografía selfie de un rostro dentro de un automóvil, acompañado del texto “soy una persona discreta y sólo quiero hacer algunas canciones, nada más. Mi nombre es Will Bevan, soy del sur de Londres”.

William Bevan, prácticamente la misma cara ilustrada en la portada del álbum Untrue. Un londinense con un amor por la música electrónica, que con su sencilla, pero decisiva forma de crear música, pilló por sorpresa al mundo electrónico, al dubstep. Tal como Steve Jobs al vender un producto, nadie sabía que Burial era lo que necesitaba la música derivada de la mezcla de estilos bretona.

Menciono que su forma de producir es sencilla y decisiva, porque incluso en aquel detalle es peculiar, sus primeras producciones (o quizás todas, aún) respondían al trabajo desarrollado en un computador personal, con un software añejo como SoundForge, que a diferencia de las grandes estaciones de audio digital como Ableton, no tenía librerías o plugins de sintetizadores, máquinas ecualizadoras o cámaras de sonido, etc. El trabajo de Burial es artesanía musical, usar samples variados de electrónica, detalles vocales sacados del R&B, beats y efectos, adáptandolos, transformándolos, cortando partes por aquí y por allá, añadiendo ruido, suciedad, ecos y ambientes urbanos, una suma de elementos que entrega un sonido y ambientación únicas, la verdad, tal como puede apreciarse en este vídeo de Tracklib.

¿Recomendación? vaya, creo que diría toda su discografía. Pero sí puedo destacar el álbum Untrue, que es su obra máxima. También su recopilatorio Tunes 2011–2019, un extenso álbum de canciones lanzadas durante los años señalados, que muestran la evolución en el sonido y propuesta de Burial.

Interesante es también dar atención a sus colaboraciones con Four TetMassive AttackKode9 y Thom Yorke.

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Erlend Øye

Anteriormente mencioné un momento en que comencé un camino de descubrimiento musical allá por 2007, ¡y vaya que es cierto!. Aquel camino me permite escribir y compartir estas pequeñas publicaciones.

Hoy es el turno de un artista que es muy especial, lo sé, es cliché decir eso, pero ciertamente, Erlend Øye es un artista especial o peculiar, si lo deseas nombrar así.

Su música llegó a mis oídos también en ese bendito año 2007, gracias a Laura (sí, otra vez, se convertirá en referencia constante por aquí), y todo porque ella llegó a oírlo, no recuerdo cómo. Lo que sí recuerdo es el dúo del que forma parte: Kings of Convenience, que si bien, merecerían una publicación individual, por ahora es importante mencionarlos, ya que es la piedra fundamental, en mi opinión, de lo que Erlend Øye es como músico.

Kings of Convenience es un dúo noruego de folk-pop e indie-folk, con bonitos toques de bossa-nova, soft rock y una onda guitarrera y calmada que recuerda a Simon & Garfunkel, pero sin los problemas de personalidad entre ambos. La segunda parte del dúo es Eirik Gamblek Bøe, un tipo muy reservado, si a Erlend lo puedes considerar reservado, pues Eirik es como el triple. Y tocan juntos desde 1999.

Con este dúo lograron notoriedad, no sólo en su natal Bergen, en Noruega, sino que internacionalmente, sobretodo Europa y cuenta con una gran fanaticada en México y Latinoamérica.

Pero Erlend es un músico inquieto, dentro de su apariencia y personalidad tranquila. Luego de editar su primer álbum de Kings of Convenience, posteriormente también editan un álbum de remixes, titulado Versus, con colaboraciones de artistas como Röyksopp y Four Tet, ambos siendo conocidos artistas del género electrónico… y así es como llegamos a otra faceta de Erlend Øye: ser DJ y músico electrónico.

En 2003 lanza su primer álbum solista, Unrest, un buen álbum de electrónica e indie pop, que tiene la particularidad de haber sido producido alrededor del mundo, en lugares tan distantes como New York, Roma, Helsinki o Barcelona. Un LP singular, que permite a Erlend poner un elemento diferenciador a la música electrónica, gracias a su voz y melodías. Siguiendo en esta línea, en 2004 colabora con el Studio !K7, los creadores del gigantesco compilatorio DJ-Kicks, donde vemos su faceta de DJ, mezclando variados estilos en un larga duración que contó con buena recepción por parte de portales especializados como Pitchfork o AllMusic. En su compilado, vemos mezclados de forma original artistas como los franceses Phoenix, el maravilloso Cornelius o el minimalista Ricardo Villalobos, de nacionalidad chileno-alemán.

Un músico inquieto, sensible y cercano. Que puede representar por sí mismo el eclecticismo musical, desde Bergen, pasando por Santiago, llegando a México y a Siracusa. No importa dónde se encuentre Erlend Øye, siempre lo encontrarás con algún instrumento, creando melodías.

Pero las fiestas y las presentaciones en clubes o festivales no son suficientes para un creativo musical y luego de estas experiencias notables, vuelve a editar un álbum junto a Eirik, como Kings of Convenience, el maravilloso Riot on an Empty Street, que a pesar de su título, es una producción que puedes disfrutar de forma encantadora, al calor de una taza de café y un libro o un momento íntimo con amistades, en lo que prima un ambiente sencillo, alejado de los ruidos callejeros (quizás, por ahí hay un juego de palabras con el título del álbum). Este álbum destaca por añadir más instrumentación a las composiciones y contar con la voz de Feist en dos temas, sin duda, dando un toque preciso a su colaboración en el sonido que construyen Erlend y Eirik.

El escándalo de la calle vacía lo lleva nuevamente a prender la chispa de la fiesta, del beat, del sonido electrónico, pero ya no como aquel ecléctico DJ, sino quizás dando respuesta a la pregunta de ¿cómo hacer música electrónica sin electrónica? pues, llamando a un par de amigos y formando una banda de aquel estilo musical, pero en base a instrumentos normales: batería, bajo, guitarras, etc. ¿El resultado?: The Whitest Boy Alive, coloquialmente conocidos como “Los Whitest”, un éxito sonoro.

¿Pero dónde está Erlend Øye en el mundo? Tal como su primer álbum individual, Erlend pasa gran parte de su vida en diferentes lugares, Alemania, Gran Bretaña, México, Italia y Chile.

¿Chile? pues si. de hecho, tiene una historia ligada a Chile que hace que Erlend Øye pase agradables jornadas en Santiago, Valparaíso o recorriendo lugares específicos a lo largo del país, sea conociéndolos de forma turística, cómo dando presentaciones. Así fue como tuve la oportunidad de verlo en vivo en Frutillar, al sur del país, en una presentación intimista y cercana, junto con su banda de apoyo, La Comitiva, formada principalmente por jóvenes sicilianos… Italia es otro país que prácticamente debería darle la nacionalidad a Erlend, así como Chile, en Italia encontró un hogar, que lo rodea de melodías, del clima mediterráneo y la compañía de amistades que le permitieron enamorarse de la música italiana de los 60’s, al punto de que ha lanzado un par de singles en aquel precioso idioma.

Un hombre sensible, un tipo simpático, reservado y con un oído privilegiado, que ha sabido embeberse de los ambientes, vivencias, climas e influencias, tanto musicales como individuales, de muchas personas, muchos artistas y muchos estilos, que le permiten ser un artista ecléctico y con quien sería agradable compartir un buen café a la orilla de una playa o en un rincón céntrico, disfrutando la ora dorada del atardecer.

A pesar de todo lo mencionado, recomiendo algunas canciones puntuales: La Prima Estate (de 2013, en el vídeo), Lockdown Blues (de 2021 y grabado durante la cuarentena COVID-19, que lo encontró en México), Know How (como Kings of Convenience, de 2004) y Burning (como The Whitest Boy Alive. de 2006).

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MC Guerrero

No todo se trata siempre de músicos extranjeros o nacionales con amplia trayectoria y discografía, también poseo álbumes de artistas más pequeños (aunque no lo sean), pero que han logrado mucha notoriedad gracias a la amplitud de Spotify, YouTube y todas las plataformas disponibles actualmente.

Y como buen adherente del hip-hop, obviamente hay MC’s y grupos de los que creo, humildemente, puedo dar una opinión y/o recomendación.

Ciro Concha, o mejor dicho, MC Guerrero, un joven de Concepción, con trece años de experiencia detrás del micrófono (al momento de escribir esto), es un rapero dedicado a entregar un mensaje diferente dentro del mundo hip-hop.

Abanderado por el hip-hop cristiano, presenta una propuesta bien aterrizada para tratar la música con contenido espiritual, trae un sonido fresco, moderno y centrado, que no deja de lado el rap, utilizando correctamente estilos modernos como el trap, sin perder la esencia misma del elemento del hip-hop.

MC Guerrero es la representación de una mezcla poco común actualmente: Experiencia en el lápiz, en los audífonos, en la biblia y en la vida.

Con un álbum y un EP producidos hasta la fecha y algunos singles y colaboraciones, MC Guerrero ocupa un lugar especial, no sólo por poder compartir en conjunto, sino porque verdaderamente aprecio el sonido que genera, fiel al hip-hop, sonido noventero, rap sampleado, toques puntuales de R&B, funk y música urbana actual, complementa muy bien sus letras, creando una propuesta firme y que puede ser de agradable escucha para raperos novatos, experimentados, afines o no a la cristiandad, también, para oídos que no gozan del rap, MC Guerrero es una buena opción para darle una oportunidad y oír lo que Ciro tiene que decir, que por sobretodo es un mensaje positivo, que puede ser muy necesario en tiempos complicados como los actuales. Siempre una palabra de aliento será reconfortante y si ésta proviene en formato rap, mucho mejor aún.

Sé que cuando se habla de rap cristiano se genera un estigma inmediato, que involucra pensar que el contenido es muy espiritual, muy de alabanza o adoración, con un lenguaje muy similar al de la biblia o con una jerga propia del mundo cristiano, pero con MC Guerrero, como parte de una escuela de hip-hop más moderno, podemos encontrarnos con un MC que verdaderamente entiende el juego del rap y de la fe que profesa, sin caer en aquellos estigmas mencionados. Ciro crea un rap cristiano inteligente, con un sonido clásico y a la vez, propio. Se puede apreciar su experiencia en el rap, su temática actualizada y que también es espiritualmente correcta, que tampoco manifiesta temor al tratar temáticas o verdades que escandalicen a algunos.

Punto aparte y a modo personal, agradezco tener a Ciro como amigo y poder compartir sus habilidades en una canción en conjunto que estamos cocinando a fuego lento.

Su álbum, All We Need Is God, puedes encontrarlo en Spotify. Y si eres afortunado, encontrar o solicitar una copia en CD. Si es por destacar una canción, me quedo con Locos, canción de Ciro junto a la Tres 16 Family, lo recomiendo porque tiene un ritmo underground, casi hecho para el breakdance y con un sample de Cannibal Ox en su instrumental.

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Aesop Rock

Desde 2006, comencé a consumir y a ordenar mi audioteca, entre iTunes y Winamp, dejando un pequeño disco duro dispuesto para recibir aquellos archivos AAC y MP3, todo ordenado en carpetas: artistas, álbumes, fechas, etc. En esos tiempos, abrí mis oídos a otros ritmos, saliendo de mi zona de confort rapera.

Todo esto, gracias a Laura, mi mejor amiga. Abrió mi tercer oído a la música francesa, folk-pop, reggae, algo de R&B y sobretodo, Yann Tiersen, más allá del soundtrack de Amélie Poulain. Este camino de descubrimiento (sí, de verdad fue así) me llevó y motivó a avanzar por senderos varios, caminos conocidos, otros nuevos y desconocidos, que cruzaban el mundo, llegando a White Plains en New York, Japón, Francia, Alemania, Suecia, Noruega, Argentina, en fin…

Al encontrar a DJ Krush, y toda su excelencia, llegué a Aesop Rock. Nativo de Portland, USA, y moviéndose en el ambiente hip-hop de New York, fue uno de los mejores descubrimientos de aquel tiempo.

Nunca había oído rimas de esa forma. Nunca había escuchado a un rapero rimar de esa forma. Quiero decir, nunca, de verdad, fue como el meme: mucho texto. No me cuadraba cómo podía decir tantas palabras, de forma tan clara en tres minutos y medio de canción.

Y ese es el caballo de batalla de Aesop Rock, canciones densas, muchas referencias a la cultura pop, al cine, rimas escritas como si las hubiese pasado por una licuadora, pero de la cual cuyo resultado es coherente y lleno de palabras, anécdotas, metáforas y claves que junto a un sonido propio, hacen de Aesop uno de los mejores — y más curiosos — raperos de la actualidad.

Y eso, no es sólo una opinión personal. Es un hecho. Según un estudio escrito por Matt Daniels y publicado por The Pudding, Aesop Rock es el rapero que posee la mayor cantidad de vocabulario en su discografía, de forma literal. A modo ejemplar, es como si Aesop fuese El Quijote de Cervantes: muchas palabras, a veces extrañas, pero todas coherentes, complejo y abstracto.

Anécdotas, referencias culturales, un lenguaje muy amplio, rimas densas, complejas y muchas veces abstractas, todo esto con una entonación precisa y clara, permiten que Aesop Rock sea el artista con mayor vocabulario en el entorno del hip-hop.

Quizás no destaque en su nivel de escritura en una capacidad poética como lo hace Nas o no sea tan nerd como lo puede ser a veces Logic, pero Aesop tiene su podio bien ganado. No es cosa de rimar rápido (para eso tienes el Rap God de Eminem), sino de expresar claramente tus ideas, por muy metafóricas que estas sean. Y formar un estilo personalizado, que permita encajar lo que está en su cabeza, de forma precisa y adecuada para con el beat instrumental, del cual muchas veces el mismo Aesop se ha encargado de producir, ya que cuenta con experiencia en la creación de beats.

Recuerdo que una vez oí a Tyler Joseph, vocalista de Twenty One Pilots, en un vídeo, decir que (parafraseando) “rapeo mis canciones, no porque sea fan del rap, sino porque no sé como cantar todo lo que tengo que decir”. Con Aesop Rock esta máxima podría ser similar, con la diferencia de que él sí sabe como armar el rompecabezas lírico que presenta en sus canciones.

Las temáticas son variadas, como mencioné con anterioridad, junto a ellas, hay canciones sobre la vida en la ciudad de New York, la del trabajador y su rutina diaria, sobre las artes gráficas, skate, sobre la vida y su significado, avance del tiempo y las cosas que crean importancia en nuestra vida. Referencias variadas al cine, a comida chatarra, playas tontamente utópicas donde puedes bailar breakdance, gatos, ranas o al estilo de vida americano. En resumidas, si quieres escuchar a un rapero variado, Aesop Rock cumple con creces.

En lo personal, me gusta mucho y me motiva cada vez que lo escucho, hay veces que unas mismas rimas suenan distintas cada vez que las vuelvo a oír. Es la magia de escribir buenas canciones.

Destaco el álbum EP Appleseed, recientemente reeditado en vinilo, porque fue el primer material que escuché de Aesop Rock luego de descubrirlo en una colaboración con DJ Krush (Kill Switch, del álbum Jaku de 2004) simplemente escuchar los segundos iniciales del tema introductorio de aquel EP manifiestan una forma diferente de hacer hip-hop.

Igualmente, recomiendo el álbum Labor Days y su contraparte Daylight. Del primero, escucha el track No rEgrets, que trata de tres etapas en la vida de una niña retraída y ensimismada en sus dibujos, con un crudo mensaje al final. Más actual, sus álbumes None Shall Pass, Skelethon o alguno de sus álbumes colaborativos, donde ha desarrollado a otro nivel su capacidad lírica, a veces con toques muy graciosos: Hail Mary Mallon, junto a Rob Sonic y DJ Big Wiz o Garbology, su último lanzamiento, junto a Blockhead, de 2021.

PD: Estudió artes visuales en la Universidad de Boston, y esta faceta/profesión es notable a través del arte de varios de sus álbumes, así como en la estética de sus vídeos musicales y otras facetas que ha logrado proyectar, como por ejemplo, un juego para smartphones, llamado Long Legged Larry (Larry Piernas Largas), basado en un personaje protagonista de una canción y con un diseño creado íntegramente por él.